cómo empezaron las bebidas energéticas

La historia de cómo empezaron las bebidas energéticas

Radithor, cuando las bebidas energéticas contenían elementos radioactivos.

¿Alguna vez te has preguntado cómo empezaron las bebidas energéticas? Aunque hoy formen parte de la vida moderna no son una invención del nuevo milenio. De hecho, a comienzos del 1900 ya existían. Aunque entonces el concepto de energía fuera llevado hasta las últimas consecuencias.

Hoy tenemos infinidad de marcas en las que confiamos para combatir momentos de fatiga. Una “energía extra” que suele derivarse de algún tipo de estimulante neurológico que hace que la gente se sienta más enérgica.

Sin embargo, esto no fue siempre así. En sus comienzos las bebidas energéticas contenían “energía real”. Radio, un elemento extremadamente radiactivo.

Al comienzo de 1900 muchos consumidores ignoraron las desventajas de ingerir radiactividad, el riesgo y las consecuencias a largo plazo para la salud.

¿Cómo empezaron las bebidas energéticas? Con Radithor, que daba más que alas

cómo empezaron las bebidas energéticasRadithor era una patente de un medicamento y uno de los mejores ejemplos de lo mal que se informaba acerca de la radiactividad. Consistía en agua destilada con radio. Una fórmula que se fabricó entre 1918 a 1928 por Bailey Radium Laboratories en New Jersey.

Su dueño era William J. A. Bailey, ex estudiante de Harvard que nunca llegó a ser médico y que anunciaba su producto como “una cura para los muertos vivientes”. Además aseguraba curar la impotencia, entre otros males.

Dicho de otra forma, para muchos hombres aquello era lo más parecido al Viagra actual. Eso sí, únicamente para la gente con dinero (1 dólar de la época la botella pequeña).

Byers y el ataúd de plomo

Uno de los clientes más famosos de Radithor fue Eben Byers, un industrial de Pittsburgh y golfista aficionado de cierta reputación. Él comenzó tomando Radithor para curar un brazo roto. Sin embargo y aunque el producto no contenía ningún narcótico y curó su brazo, se volvió, al menos psicológicamente, adicto.

¿Qué ocurrió? Su afición a Radithor lo acabó matando el 31 de marzo de 1932. Desafortunadamente para él, el radio ingerido pasó a los huesos, y con ello toda su energía de radiación se depositó en el tejido óseo. Provocando

Cuando Byers murió fue enterrado en un ataúd revestido de plomo para bloquear la radiación liberada de los huesos de su cuerpo. Treinta y tres años después, en 1965, un científico del MIT, Robley Evans, exhumó el esqueleto de Byers para medir la cantidad de radio en sus huesos. El radio tiene una vida media de 1.600 años, por lo que los huesos de Byers habrían tenido prácticamente la misma cantidad de radio que el día en que murió.



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